Pasado y Presente

Pasado y Presente

20 julio, 2020 1821 Por cinque -

Llevo conociendo a un grupo de amigas desde que estaba embarazada de Rebeca (hace 16 años).  Formamos un grupo padre compartiendo el desarrollo de nuestros bebés.  Pero ya desde entonces, nos lamentábamos un poco de no habernos conocido antes para conocernos cuando salíamos como novios y quizás poder haber asistido a las bodas de cada una de las parejas.  Hoy me quedo pensando que de haberlos conocido de chicos, hubiera sido aún más interesante. 

Hay ocasiones en que las historias no son suficientes para imaginar a la gente en otra etapa de vida.  ¿Cómo serían estos amigos que conocí ya en la adultez, cuando eran niños?  Seguro he visto algunas fotos, pero esos niños de esas fotos me parecen completamente desconocidos. 

Curiosamente, me ha pasado lo mismo alrevés.  Cuando he reencontrado por azar o por reuniones del colegio, a personas que ahora son adultos, no puedo de repente hacer la liga con quienes yo conocí de niños.  Pero por lo general, no me hacen click con esos señores o señoras que tengo frente a mí, contando de algunas anécdotas que sí me incluyen, pero que no puedo entender que sean las mismas personas.

Y por supuesto que lo son.  Pero también, ya no.  La vida nos va cambiando, pero ¿seguirá la esencia a lo largo de la vida?  ¿Te podrán cambiar las experiencias de manera que alguien pueda no reconocerte cuando hablas con é o con ella? 

Para muestra, un pequeño botón.  Una de mis mejores amigas en 2o de primaria se cambió de escuela  por dos años, durante los cuales, desafortunadamente, murió su mamá.  No sabía cómo sería nuestro reencuentro cuando volvió a mi escuela:  ¿qué le diría? ¿cómo me acercaría a ella? ¿hablaríamos de su mamá? ¿lloraría?…  No creo que haya tenido respuesta a ninguna de estas preguntas, pues cuando la vi, no era esa amiga de 2o de primaria.  Era alguien más.  Así de diferente la sentí.  Ya no era esa niña callada que jugaba conmigo y algunas otras niñas.  Ahora todo era fiesta.  Entre su duelo y la entrada en la pubertad, no la reconocí.  Fue un proceso de conocer a la nueva niña que estaba frente a mí.  Y volvimos a ser amigas, pero diferentes amigas. 

Si así fue con ella, en un lapso de 2 años, ¿cómo será con alguien a quien no ves desde hace 15, 20, 30 años?   Todas las experiencias que pasa alguien, también se van viendo en el cuerpo y en la cara:  en la expresión, en su mirada, en su peso, en la barba.  Lo que ha de saber, lo que puede haber pasado y que muy seguramente nunca sabré.  Las muertes de alguien cercano cambian mucho; las parejas; los hijos o no hijos; lo que vas aprendiendo en la vida; los viajes; los amigos o no amigos.  El estrés, la inmensa alegría de tener un bebé en tus brazos… Hay gente que en las arrugas lleva la experiencia; otros llevan el dolor.  Las canas, los kilos de más o de menos. 

No por esto, dejo de lado la posibilidad de que en algunas miradas, sí puedes encontrar a esos niños que conociste hace muchos años, y en la risa de las fotos muchas veces puedes encontrar a tus amigos adultos, también.

Hay un tercer factor:  el observador, o sea, yo.  Por supuesto, no puedo demeritar la influencia que tiene mi propia experiencia de vida. Ya no puedo percibir de la misma manera a las persona con mis ojos de adulto que como cuando era niña (cuando la mayoría de los adultos significaban autoridad y mis pares eran o amigas o posibles bullies); o que cuando era adolescente (que veía a todos los chavos como posibles candidatos).  Incluso mi percepción era diferente de adulto joven, recién casada, viviendo un mundo de fantasías hechas realidad.  Como decían unos amigos:  los primeros años en que hasta los electrodomésticos están de luna de miel.  Pasando el tiempo, ya se empiezan a descomponer y hay que pasársela reparándolos.

Por otro lado, te vas haciendo de cierta manera y te vas amoldando al momento en el que vives y a la gente con la que vives.  Platicaba con mi hermana de las amigas que tenemos.  La mayoría las hemos hecho de grandes.  Pero hay algunas especiales que son amigas desde que éramos niñas y ellas, quizás no serían nuestras amigas ahorita porque pensamos diferente o porque tenemos diferentes estilos de vida, pero el camino recorrido juntas, va forjando la amistad mucho más fuerte que con otras.  Y hay incluso algunas cosas que nos “perdonamos” a pesar de no ser como a nosotros nos gustaría.  Pero es precisamente, su punto de vista, diferente y sincero, lo que nos acerca.  Quizás ellas, además de nuestra familia -y eso, por tener la fortuna de vivir en un país en donde la familia es importante y mantenemos una conexión prácticamente siempre- es quien nos conoce en nuestro pasado y en nuestro presente. 

Así que se me ocurre un reto:  buscar una foto de tu infancia.  ¿Cómo eras?  ¿Qué pensabas?  ¿Qué te dolía y con qué soñabas?  Cuando tú ves a esa niña… ¿te reconoces?  Y si ese niño volteara a verte al adulto que eres hoy, ¿te reconocería?  ¿estaría satisfecho de la persona en la que te has convertido? 

De verdad, espero que sí.  Y también espero que falte un camino por recorrer, que para eso es la vida. 

cinque

Columna

psicoterapeuta | corredora empedernida | apasionada por los vínculos, la buena música y la escritura | mamá de 2 | aprendiz de lo posible y de lo imposible

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