MENTIRAS

MENTIRAS

12 julio, 2020 616 Por cinque -

Todos hemos dicho alguna mentira alguna vez.  Es una condición humana.  Se han hecho experimentos en donde se ha comprobado que la edad en la que se empiezan a decir mentiras, cada vez es más temprana.

Así que no sé por qué estoy tan peleada con las mentiras.   Si es algo socialmente establecido (sólo habrá que voltear a nuestro gobierno que se ha dedicado a mentirnos siempre), creo que ya me debería haber repuesto a ellas.  Es cierto que hay algunas que no tienen tantas repercusiones como otras y por eso son entendidas incluso con términos que les quitan lo negativo, tipo “mentiras blancas” o “una mentirita”.  Finalmente, yo creo que siguen siendo mentiras.  No sé si estoy siendo muy drástica en este concepto, puede ser.

Las mentiras se acercan mucho a los secretos en el sentido de que ocultan.  Pero además, las mentiras proponen una realidad alternativa.  Esa alternativa puede hacer que el otro se sienta tonto, o loco por pensar que las cosas son como son y no como el primero dicta.  Y a veces es tanta la necesidad del otro, que se prefiere aceptar esa irrealidad, que dejarlo.

Sin embargo, creo también, que no todo debe decirse porque muchas veces, las verdades terminan lastimando más que ayudando.  Acabo de escuchar algo que me pareció muy sensato:  se deberían decir las verdades cuando éstas van a beneficiar en algo al otro, y no sólo a uno.  Cuando ésta va a herir al otro o cuando el otro no va a soportar la verdad, es ahí cuando quizás vale la pena mentir.  Lo que a mí me sigue molestando, es que estás tomado una decisión por el otro.  Quizás la única manera sería preguntarle a ese otro si está dispuesto a escuchar una verdad que le va a doler.  O que, si algún día quiere saberla, se lo va a decir… y cuando pregunte, lo haga.

Hablando de honestidad, aquí mi confesión de algunas de las mías.

Una mentira que me cuento

  • Que lo que yo creo es LA VERDAD.  Que las películas que a  mí me gustan son las mejores, o que yo sí sé cuáles son las series que valen la pena.  Que si es más importante hacer cosas culturales o que se vale leer un libro, subrayarlo y dejarlo si no me gustó.  Que si es importante salir al bosque cada vez que puedes, que si tienes que hacer ejercicio todos los días.  Que ésa no es la forma de educar.  Y hasta cómo se debe poner el rollo del papel del baño.  Así me enseñaron a mí, así que seguro ésa es la verdad.  Y los que piensan diferente, seguro están mal.

Algunas mentiras que me he creído

  • Que te debes apenar si estás gorda.
  • Cuando una amiga me dijo que estaba en un momento dificilísimo en la vida y que me pagaría después.
  • Cuando me dicen que me quieren… pero no me dicen para qué.

Las mentiras que no me he creído

  • Que todos los papás quieren igual a sus hijos. 
  • Que todas las mujeres tienen un “instinto maternal”. 
  • Que las mujeres no necesitan el sexo tanto como los hombres.
  • Que mi papá estaría mejor si lo intubaban y le realizaban aún más exámenes.

Una mentira con las que no he podido cargar

Hace unos meses, cuando murió mi papá, sus hermanos me pidieron ocultarle su muerte a mi abuelita, quien tiene 91 años y quien tiene demencia senil.  Dicha enfermedad ha hecho que su memoria a corto plazo sea casi inexistente, pero no le ha quitado el razonamiento, ni la capacidad de sentir.  Así que, intentando evitarle uno de los mayores dolores a su mamá, pensaron que era mejor ocultárselo.  Finalmente, era SU decisión, y no la mía, por más que ella sea tan importante para mí y nos ligara ahora este dolor.

Fue hasta que mi hermana me hizo pensar en la siguiente vez que viera a mi abuelita y me preguntara por mi papá.  ¿Qué tendría que hacer?  ¿Mentirle y decirle que estaba bien?  ¿Cómo lograría que no se me llenaran los ojos de lágrimas y que la abrazara todo lo que pudiera para fundirnos un ratito en el dolor de la otra?  Así que les dije que no podría mentirle y que no podía dejar de verla.  Cada vez que hablo con ella -porque irónicamente en estos tiempos no puedo verla tan seguido como quisiera- no me pregunta por mi papá (porque claramente recuerda); sólo me pregunta cómo está mi mamá.   Supongo que a ella le proyecta el dolor de perder a una de las personas que más quieres y necesitas en tu vida. 

Como se puede notar, odio las mentiras.  Creo que tienen una capacidad de herir inmensa.  No es sólo que te hagan creer en algo diferente a la realidad, sino que te hacen sentir tontísima, por no darte cuenta de la realidad.  Eso es a mí, que me creo un poco inteligente, lo que más me duele.  Que me hagan sentir muy estúpida por creerme un cuento de hadas.    

Quizás debería terminar con un final feliz, diciendo que aprendí la lección y no me vuelven a ver la cara.  Pero no voy a mentir diciendo que aprendí la lección.  La realidad es que la necesidad de amor normalmente mata a la razón.

cinque

Columna

psicoterapeuta | corredora empedernida | apasionada por los vínculos, la buena música y la escritura | mamá de 2 | aprendiz de lo posible y de lo imposible

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