Adios a la Escuela

Adios a la Escuela

24 agosto, 2020 113 Por Rosa María Quesada

Era imprescindible que escribiera sobre el tema de la semana: El regreso a clases.  Es mi tema, es mi campo, y por lo tanto es mi responsabilidad pronunciarme al respecto. Pero, ¡omg! De verdad es difícil.  Pedí su opinión a mis amigos de Facebook y whatsapp:  maestros, papás y adultos ciudadanos simples por igual.  Mi conclusión: ¡Cada cabeza es un mundo! Cada necesidad es distinta, cada punto de vista es valioso. Lo que sí les voy a decir es que todo el mundo respondió honestamente, desde lo que piensa que es la mejor alternativa, no solo para ellos y sus hijos, sino para todos. 

En general,¿cuál es el panorama?¿Cuál es el malestar?¿Cuáles son las decisiones más importantes /inmediatas que se tienen que tomar?

Bueno,  la gran pregunta de hoy  es:  ¿Empezar o no el año escolar a distancia?  Lo lógico sería decir que no, porque, ¿se pueden cumplir los objetivos educativos con el maestro en pantalla, cuando  algunos padres de familia no tienen tiempo ni la preparación pedagógica necesaria para empezar a dar clases a sus hijos en todas las materias? La respuesta lógica sería NO, hay que esperar a que los niños regresen a las aulas, porque  aunque se cuente con las tecnologías necesarias (en el mundo de la escuela priviada), no se dominan todavía las metodología adecuadas.

Pero:  ¿qué harían todos los niños sin actividad alguna que hacer tantos meses (porque no vamos a volver hasta enero, eso ya me lo dijeron)? ¿Qué hacen los pobres padres- sobre todo las mamás- que tienen que trabajar y apenas les da la vida para arreglar la casa y darles de comer?

Y además:  Imagínense que toda la población del país se retrase un año…me imagino que eso tendría ALGUNA consecuencia. No me gustaría ser Esteban Moctezuma en estos momentos, en serio.

 Hemos de decir que tampoco es que cayera tan de sorpresa.  El fin de la escuela se ha venido planteando desde hace más de veinte años, nomás que todo el mundo se ha hecho de la vista gorda, la verdad. Porque la escuela, aceptémoslo, es, además de un centro de saber, un negocio que implica intereses económicos.

 

Bueno, la decisión se tuvo que tomar sin más plazos orillados por las circunstancias:  Ahí vamos a la aventura de lo desconocido, de lo inédito, para lo que no estamos preparados hacer con lo que existe, como se nos vaya ocurriendo (literal) sin un peso de más, sin ningún experto que nos oriente, sin ningún ejemplo o modelo a seguir. ¡Inicia el ciclo 2020-2021! Y que Dios nos agarre confesados.

Dividiré ahora las preocupaciones en dos: las de  los que siempre han utilizado el servicio de escuelas privadas y los de las escuelas públicas.  Dos problemones bien distintos, pero que se unen y se tocan y hacen una verdadera bomba de nitroglicerina al conjuntarse.

Hoy hablaremos de las escuelas privadas.

Déjenme contarles que es una de las veces que más candente se ha puesto mi espacio de Facebook, y con opiniones de los más discordantes, todas con su grado de verdad. 

  1. Los maestros:
  2. Hay los que necesitan el trabajo y proponen que la escuela siga como está, que no se reduzca en nada el plan de estudios, pero que por supuesto se refuercen los recursos y la capacitación en tecnologías.
  3. Hay los que se quedaron sin trabajo porque su área de expertise es “prescindible” en tiempos de emergencia, o porque simplemente no hay suficiente matrícula para mantener dos maestros que impartan lo mismo. Estos maestros se han puesto las pilas y lo que quieren y promueven es innovación.  Están buscando trabajo fuera de la institución, ofreciendo sus servicios de manera independiente. Maestros free lance, una modalidad ya explorada en muchas otras profesines.

Los dueños de las escuelas

Ya me imagino que estas pobres personas ni duermen, como todo empresario cuando ve que su mercado se está achicando.  Por supuesto que no es su culpa que la escuela ya no sea la mejor ni la única opción, pero hay que admitir que estamos viviendo  el fin de toda una era. Me recuerda un poco el libro de La Caverna de Saramago.  Los señores protagonistas hacían vajillas hermosas a mano, pero sucumbieron ante la presencia de la cerámica china en serie, sin emoción pero cien veces más barata.  Triste, muy triste, pero real.

Hay dueños de esucelas que luchan haciendo mala promoción al homeschooling, otros reduciendo los sueldos del personal así como su plantilla, otros dando incentivos extras a los papás como bonos para los hermanos o asesorías extras especializadas.  Y es que la educación es un negocio (en el área privada), y los alumnos  son los clientes.  Al cliente lo que pida. ¿Quién ganará?¿El que ofrece más, los marros que bajaron los sueldos, los que invirtieron en nuevas tecnologías?  Para mí es casi previsible la respuesta.  ¿Para ustedes?

Los papás, no vírgenes (obvio) pero sí mártires.

Agradezco infinitamente que la pandemia me haya agarrado con mis hijas  ya universitarias, porque la situación de hijos de escuela básica no se me antoja nadita.  Sin embargo, me estoy dando cuenta que es una oportunidad para crecer como familia muy bueno.  Conocer a los hijos, valorar el papel de los maestros, ponderar prioridades y tomar decisiones.  Les cuento la variedad de posturas que me han compartido:

  1. Los que prudente y generosamente han pensado que lo mejor es ser solidarios con la escuela que los ha acogido por muchos años y seguir como siempre, aguantando hasta enero y echándole ganas, pagando la colegiatura puntualmente.  Quiero apuntar que esto es una posibilidad factible gracias a que estas familias no solo se nutren académica y culturalmente de lo que la escuela les ofrece, sino de recursos personales, de viajes, de experiencias culturales extraescolares a las que suelen acudir, y el bagaje cultural que se vive en sus casas.  Por eso no es tan loco pensar que se puede sobrevivir seis meses tomando clases en línea, porque se enriquece de otras posibilidades como clases extras, libros y otros materiales propios.
  2. Los que cautelosamente piensan que no vale la pena pagar colegiatura por recibir instrucciones para acabar con un “hazlo tú mismo”. Es como estar pagando por una cena en un restaurante cuando lo único que te dan es la receta y los ingredientes. Tú pones los utensilios, la luz y el trabajo. Estos papás se subdividen también- esta clasificación se pone interesante- entre los valientes que van a intentar hacerlo ellos mismos y los que contratarán a un profesional. Entre los primeros hay hasta quienes han rentado una casa / cuarto entre varios  y las mamás de todos serán las maestras.  Yo digo, ¡Qué valientes”, pero yo por lo menos prefiero siempre pagar al electricista para que me cambie el interruptor y evitar la chamusquina. O sea, zapatero a tus zapatos.  Una prima mía ha vivido el homeschooling desde hace ya algunos años, pero ella fue maestra anteriormente.  Eso es distinto a tomar la iniciativa de la nada. Dar clases no es tan fácil como se escucha.  Requiere planeación, preparación, mirada al futuro, evaluación, etc.
  3. Los desesperados, como los papás de niños de preescolar. Ahí, por mejor programa que tenga la escuela, un niño de cinco años no puede tomar clases solo, poner atención y además, cumplir con el objetivo didáctico. ¿Cuál sería un buen argumento para pagar la escuela a un niño de esta edad? Creo que solamente que no haya en 6 kilómetros a la redonda nadie que pueda atenderlo personalmente. Si a todos nos hace falta la interacción cara a cara, en esta edad es indispensable.  Si nadie de la familia puede estar al pendiente, yo pagaría una tutora, definitivamente.  Así podría emplear a esos maestros que salieron de las aulas y que tienen la experiencia (y la necesidad) del mundo, con toda la disposición para dar lo mejor (y no quedarse otra vez sin chamba).

 

Conclusión:  Es una época difícil, pero también emocionante, con grandes retos y nuevas formas de vida.  La resiliencia, que muchas veces me ha sonado como palabra de marketing, en este momento se consolida como una de las habilidades más importantes a desarrollar.

Mi particular punto de vista es que las escuelas se actualicen a la de ya, que ofrezcan muchísimas opciones interesantes a los niños, que les propongan actividades que incluyan movimiento pero sin necesidad de supervisión de los adultos, y que estén muy al tanto del desarrollo emocional. Para los maestros que no somos tan cariñosos, es hora de desarrollar y mostrar esta parte empática desde la pantalla, para los que no son muy expresivos, pues a mejorar esa expresión facial, y en general a ofrecer actividades lúdicas y emocionantes.  ¿Sobre los aprendizajes esperados?  Yo trabajaría más en la contención y el crecimiento anímico y dejar los académicos para enero. 

Para los dueños de las escuelas, aceptar que el mercado ha cambiado, que tienen que aguantar un poco a que baje la marea y, como siempre, los que dan en lugar de reservar lo suyo para sí, son a los que siempre se les abren más puertas. Apoyen a sus maestros que eso se les retribuirá con lealtad y agradecimiento y constituirán un equipo más fuerte.  Y acepten la nueva competencia, no se pongan como los taxistas a pelear con los de Uber. Para todos hay.

Y a los papás, paciencia. A los que tienen hijos preescolares les diría que se pusieran en modo europeo, y esperaran a los seis años para iniciar la educación formal.    O sea, nada de escuela por el momento.

 Y para los demás,  papás de primaria y secundaria, yo, yo, yo, no me aventaría a hacerme responsable de la educación de mis hijos así solitita, sin ningún apoyo profesional. Un maestro de profesión sabrá hacerlo muy bien, porque tiene todos los programas de la SEP y los libros de texto en línea.  No habrá mayor problema. Si puede con 25 alumnos en el aula, ¿Qué no hará con 3 o 4? Además, habrá la transmisión del programa oficial en televisión abierta todos estos meses.  Se pueden utilizar como reforzamiento, justo como nosotros usábamos el libro de la SEP al final del año. Y  de repente, cuando tuviera tiempo, conviviría con mis hijos en actividades de arte, experimentos de ciencias, clases de educación física, etc. 

Si quieren pagar la escuela tradicional por solidaridad, adelante, pero yo no lo haría. Sin embargo, les comparto el pensar de Bianca Vianet al respecto: “Dejemos de criar niños “inútiles” queriendo resolverles todo, porque “no les gusta la escuela virtual”, ojo, se están preparando para el mundo que les va a tocar vivir a ellos, no para el tuyo.”.

Pero algo cierto para todos: cuando se pueda,  tratar que sus hijos puedan convivir con otros niños, porque la socialización ES necesaria.  Creo que el aislamiento puede ser más dañino aún que el rezago académico. 

Las escuelas resurgirán después de  esto como centros educativos más competentes en el uso de tecnologías, con alternativas a distancia y con maestros más creativos y dueños de sus espacios.

No todo está perdido, y agradezco especialmente el comentario de Blanca Vianney que acaba diciendo:   Tengo mucha fe en que será un buen año a pesar de ser diferente.

¡Y agárrense para la siguiente entrega sobre educación pública, porque ahí sí van a estar fuertes los cubetazos!!!

Rosa María Quesada

Columna

Pedagoga mexicana interesada en la literatura como forma de crecimiento.

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