Declaraciones sorprendentes

Declaraciones sorprendentes

26 mayo, 2020 35 Por Rosa María Quesada

Ya encarrilada con aquello de no callar, les contaré algunas declaraciones que he escuchado que simplemente me han dejado boquiabierta. Son de esas cosas que nunca hubieras pensado que pasan en la vida real, que no se te hubiera ocurrido que nadie lo dijera en serio, y sin embargo, existe quien.  Aquí les van, a ver qué piensan.

  1. Cuando me iba a casar, una de mis amigas nos invitó a una carne asada a una cabañita que tenía su familia en la carretera vieja a Cuernavaca.  Un encanto, sin lujos, pero con una vista maravillosa, y un aroma a pino que limpiaba cualquier pulmón.

Faltaban solamente como dos semanas para la boda y a mí me tocó hacer el guacamole. Ahí bien pudieron haber gritado “paren las prensas”, porque no merecía casarme, según el conocido refrán de “ya te puedes casar”, haciendo alusión a que ya sabes cocinar. En ese caso,  yo no.

Pues a la casa fuimos mis amigas de la escuela y sus novios y amigos. También fue la familia completa dueña de la casa.  El señor en especial era de lo más agradable, y salió con toda la muchachada a tomarse una cerveza y supervisar la carne.  Se sentó entre Luis y yo (el futuro esposo), nos dio una palmada en el muslo y nos dijo: “Muchachos, qué bueno que vinieron. Esta es su casa.  Lástima que hayan venido en estas circunstancias” (¿?)……después de algunos minutos en silencio, continuó. “El mejor consejo que les he dado a mis hijos es: no se casen. No se casen. La vida se acaba en ese momento. Ahorita ustedes no lo sienten porque están enamorados y esa situación no los deja ver con claridad el precipicio al que se están aproximando.  Miren.  Se los digo porque sé que mi hija los quiere mucho, y yo quiero mucho a mi hija.  Así que les hago el consejo extensivo a ustedes: no se casen.”  Al no ver ninguna respuesta nuestra (yo por lo menos estaba sin palabras), finalizó: “en fin, creo que mi consejo ha llegado demasiado tarde. Entonces no me            queda más que darles el segundo consejo más importante:  no tengan hijos.  Porque si ustedes creen que el matrimonio es lo peor que les puede pasar, están equivocados.  Los hijos verdaderamente arruinan la vida….y que conste que yo amo a mis hijos, pero, ¿cómo decirles?  A uno se le cierra el mundo cuando te cae esa responsabilidad, o peor, ¡dos!  Yo cometí ese error, ustedes, por el amor de Dios, no lo cometan.”

 

  1. Otro día fui a la segunda boda de uno de mis tíos. Es importante para entender que entonces la generación de primos ya era mayorcita, digamos que ya teníamos vidas independientes. Hace mucho que no veíamos a mi prima la artista, quien estaba estrenando novio.  Por hacer plática, mi cuñado le pregunto: ¿Y dinos, en dónde fue que lo conociste?

-En una tocada, nos dijo ella.

“Pero cuéntanos más”, insitió mi cuñado. “Dinos cómo fue el flechazo”

-Me da pena, dijo ella.

“¿Desde cuándo eres penosa?” Contraargumento mi cuñado

-Bueno, está bien.  Él es el solista de la banda que estaba tocando.  Me gustó su música desde el principio, así que decidí quedarme a escuchar todo el evento.  Con cada canción él me gustaba más y más. Yo, para qué mentirte, ya estaba como súper emocionándome, cuando de repente le pasan una charola con una cabeza de puerco”.

“¿De plástico’”

-No, de a de veras, y fresca, porque todavía tenía la sangre escurriendo.   Entonces, para sorpresa de todos, tomó la cabeza,  se la puso sobre SU cabeza, y siguió tocando.  Fue la locura, porque lo hacía perfecto, o sea no se distrajo ni nada, aunque las gotas de sangre del puerco le escurrían por su cuerpo, y yo creo que algunas acabaron en su boca.  En ese momento, no pude más…..¡y me enamoré!

 

  1. En otra ocasión conocí a una “chica” de mi edad en una reunión de exalumnos. Es decir, era de mi generación pero yo nunca la conocí en tiempos de estudiantes. Y qué lástima, porque ahora me cae excelente y creo que hubiéramos podido ser amigas desde siempre.

Ahí nos presentamos  y me enteré que se casó ya grande y para no arriesgarse, adoptó una niña.  Me sorprendió mucho, porque  lo poco que había visto de su trato con su hija era como de cualquier otra mamá. Después, y por mucho tiempo, me quedé pensando que obviamente no podía ser de otra manera.  De toda la reunión eso fue lo que captó mi atención, la historia burocrática que tuvo que pasar para que se la dieran, los trámites horribles a los que fue sometida, y su completa felicidad al saber que iba a ser mamá.  Además nos contó de cómo fue el proceso- largo y difícil- para que la niña lograra por fin sentirse “en casa”, y la suerte que había corrido porque su hija- ya de siete años- había sido bien educada en la casa hogar, y como de película, había sido invitada y rechazada por muchas familias anteriormente, por lo que la chica ya estaba curada de espantos. Se me hizo una de las maneras más dulces y valientes de convertirse en máma.

La declaración que me sorprendió vino después, cuando nos avisó en una reunión del Día de Reyes que habían decidido adoptar otro niño, para ser una familia completa.  Lo que nos contó entonces del acoplamiento de los hermanos fue hermoso.

Pero la noticia que realmente me dejó sin habla, y de una profunda admiración por esta amiga fue cuando posteo en facebooK:  “Amigos, necesito sus oraciones, pues aquí vamos otra vez.  Hemos solicitado una tercera adopción y tenemos miedo de que nos rechacen porque obviamente no tenemos el dinero ni de Madonna ni de Ricky Martin, y puede ser que esto juegue en nuestra contra. Pero tenemos la experiencia, y un espacio en el corazón listos para recibir a nuestro hijo.  Agradecemos a Dios esta oportunidad de ser padres otra vez”.

¿Y qué creen?  Lo lograron.

 

  1. Esta declaración no requirió de palabras, fue un performance, que además se mantiene.

Un día mi hija me fue a dar las buenas noches y vi que estaba llorando.  Le pregunté si le pasaba algo y solo me dijo que es algo que estaba viendo en la televisión.  “Ah, un culebrón”, pensé. Y me fui a dormir.

Al día siguiente, sábado, me dice que va a ir al salón de belleza y que ahorita regresaba.  Estaba esperándola cuando tocaron a la puerta, así que bajé a abrir.  Era un muchacho jovencito que se me quedaba viendo con cara de ¿Qué opinas? , y yo un poco sacada de onda, le digo “¿Sí, qué se le ofrece?” “El muchacho” se ataca de la risa y me dice: “jajajaja, ¿por qué me hablas de usted? Olvidé mis llaves, nada más”.  Hasta entonces mi cerebro conectó: ¡Era mi hija!  Se rapó.  Totalmente.  El cabello rasurado con la máquina en nivel 1.  Se me zafó la mandíbula.

Cuando pude articular palabras le pregunté el porqué.  Me contó que lo que había visto en la tele era un documental sobre la muerte de los corales, ocasionada entre otras cosas por los químicos con los que se contamina el agua todos los días.  Consultando con la almohada se dio cuenta de que ella tenía cabello de más, “inútil”, que necesitaba muchísimos químicos para mantenerse saludable.  Como su conciencia no podía quedarse como si nada ante la catástrofe ecológica, decidió cortarse el cabello y hacer algo por el planeta.  Veinte meses después su declaración sigue vigente.

  1. Mi cuñada es un ángel de Dios. Aunque ella no lo busque,  se va a ir al cielo con todo y zapatos.  Como prueba, sus cuñadas.  Lleva ya creo que 20 años aguantándonos, ¡qué bárbara! Y no, no es que seamos horribles como Griselda y Anastasia, simplemente ¡somos nosotras!, y como en casa nos sentimos en confianza, a veces se nos olvida (a mí más, por cierto), ser cortés con ella, como con invitados.  Y ella, calladita siempre, nos soporta, nos ayuda y creo que hasta nos quiere.

Y por si no fuera suficiente, pues está casada con mi hermano. O sea, ¡qué bárbara, cuñada, te la rifas!  Bueno.  Ella, con sus pocas palabras, logró sorprenderme un día con su declaración (prueba de que todos, por más parcos de palabras que seamos, podemos hablar sin filtros de vez en cuando.

Estábamos en reunión familiar, discutiendo tal vez, o platicando el último chisme, y yo le dije: “Por suerte tú no sufriste nunca eso porque fuiste hija única toda tu infancia”, y  me respondió, “no”.

-¿No qué?  Le dije. 

– No fui hija única.

Hice cara de what y me pregunté a mí misma antes de meter la pata con ella otra vez. A ver, según lo que recuerdo, mi cuñada vivió con su mamá hasta los 10 años cuando ella se volvió a casar y tuvo un hermano, y luego una hermana.  ¿Por qué me dice que no?¿Me estará poniendo un cuatro?

  • Yo tampoco sabía, nos contó, pero ahora que fui a mi tierra natal, contacté a mi papá biológico, que estaba desaparecido, y me  dio la sorpresa de invitarme a su casa, y cuando abrió la puerta, ahí estaba el  titipuchal de hijos que tiene, siendo el mayor apenas uno o dos años más chico que yo. Así que mientras yo viví aquí en México creyendo que era hija única, resulta que iba teniendo poco a poco más hermanos.  En total tengo once hermanos.

¿Cómo ves?  Y ustedes que nomás son tres, jajaja.  ¡Se las gano de todas todas!

 

 

En otras palabras, no existen las verdades garantizadas, ni los valores más primigenios son siempre tales ni el amor es como lo pintan, ni nuestras certezas tienen ninguna base.  Así que ni se preocupen por entender los tiempos que nos envuelven.

Rosa María Quesada

Columna

Pedagoga mexicana interesada en la literatura como forma de crecimiento.

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