El horizonte cercano, cercanísimo.

El horizonte cercano, cercanísimo.

28 abril, 2020 7894 Por Rosa María Quesada

Hace poco se dijo en las noticias que la gente solo está  gastando en lo que realmente es necesario para vivir. Yo creo firmemente que no “solo de pan vive el hombre” y para salir airosos de esta prueba de encierro y sacrificio, tenemos que humanizar nuestras prácticas de sobrevivencia y convertirlas en algo que alimente también nuestro espíritu. La pregunta es, ¿de qué nos alimentamos cuando nuestro horizonte más lejano está a siete metros de distancia y cuando ya nos aprendimos de memoria el patrón de los mosaicos, y cuando ya no sabemos cuántas veces hemos lavado el mismo vaso?

Veamos: Al igual que nuestros gastos, nuestras actividades se han visto reducidas a las necesarias.  Entre estas actividades se encuentran el comer, sanitizar, hacer ejercicio, dormir, mantener la mente pensando en acciones positivas y socializar.  Ahora, hay dos maneras de hacer esto:  rústica o artísticamente.  Para darle un toque brillante a nuestros días, aún cuando lo más intrépido que hayamos hecho en el día sea salir a pasear al perro, contamos siempre con el arte. Explica Nietzche en la Gaya Ciencia que el arte es lo que puede transformar una actividad cualquiera en algo realmente majestuoso. Es lo que nos convierte en Súper hombres (y mujeres, agreguemos). Recuerdo que a Anne de Green Gables, que ahora es famosa porque ha sido remasterizada en Anne with an E, le salvaba de morir de aburrimiento un pequeño cuadrito de unos camellos que tenía en el comedor. Un simple cuadrito.¿Y si fuera tiempo de pintar algo, tomar fotos, bordar, tejer, coser?

Seamos artistas en comunidad.  Yo les doy el prompt y ustedes me comentan cómo han sublimado la tarea básica de lavar la ropa en una obra de arte. 

  1. Empiezo por compartir este ejemplo de Michael Ende en “Conversación en lo profundo”:

Basurero:  Uf, mire usted, también se puede ejercer el oficio de basurero de un modo científico, si usted entiende lo que quiero decir.

Profesor:  Claro. ¡Eh! ¿cómo es eso?

Basurero: Sin prejuicios, pensando, de modo crítico y a fondo. Por ejemplo, cuando vacío un cubo de basura.. yo habíra quitado todo lo que no viene al caso, o sea, lo que no pertenece a un cubo de basura, como por ejemplo ramos de flores, lámparas o balas de cañón.  Eso sería científico.

Profesor:  Si tuviera cubos de basura, ¿con qué frecuencia vaciaría usted los cubos?

Basurero:  Yo los vaciaría dos veces al día, una vez por la mañana y otra por la tarde. Tendría que  llevar a cabo lo que no le gusta hacer a nadie, siendo por otra parte tan necesario.

  1. Y ya inspirados, pensemos que es mejor sanitizar con arte que sin él: ya que estamos limpiando, podemos redecorar, mover los muebles de lugar, hasta podemos imprimir una fotografía para cambiar la visión de los ladrillos por unas lindas flores, o incluso tener la osadía de iniciarnos en la jardinería.  A propósito, comparto el poema tan a cuento que escribió Mariana Torres Ruiz desde su confinamiento:

I.

Aseo la casa

después de largo tiempo.

 

II.

Barro centímetro a centímetro

el piso de la sala

con un nuevo placer insospechado.

Lo acaricio con tal delicadeza

como al pelaje de un cachorro.

Atesoro cepillar las esquinas.

Paso la escobeta

hasta que la pelusa queda removida.

Me acuesto entre nubes de polvo y

espero.

 

III.

Mis dedos son ágiles

sobre la superficie

del mosaico del baño.

Avanzan con la certeza

de quien toma las grandes decisiones

de algún corporativo capital.

Van y vienen sin tregua

hasta vencer al sarro,

bastardo maldito,

para verlo escurrirse por la coladera

donde inicia su viaje.

IV.

He notado que los trastes

y yo nos parecemos:

somos frágiles,

acumulamos grasa

(que nomás no se quita),

tenemos heridas de guerra imborrables:

quemaduras

manchas

rasgaduras casi imperceptibles.

Podemos ser coquetos cuando hace falta

o lanzarnos a la guerrilla para una comilona familiar.

Podemos ser,

para algunas personas,

el traste favorito para uso

ocasional o cotidiano.

 

V

Tender la cama sin salir corriendo

es harto placentero.

Quitar todo:

sábanas

almohadas

cojines

corazón.

Sacudir a fondo

las pesadillas

para acomodar,

con amorosa precisión,

los sueños.

  1. Pensándolo sin muchas vueltas, nos daremos cuenta fácilmente que es mejor comer algo bien cocinado, con sazón, con sabores provocadores, que una simple rebanada de jamón en un pan tostado. Y  ahora que tenemos tiempo, sería bueno intentar nuevas recetas que nos iluminen el paladar. ¿Alguna receta que quieran compartir?  Yo les comparto un pedacitito del libro de Como Agua para chocolate, para inspirar:

Se desprenden con mucho cuidado los pétalos de las rosas, procurando no pincharse los dedos, pues aparte de que es muy doloroso (el piquete), los pétalos pueden quedar impregnados de sangre y esto, aparte de alterar el sabor del platillo, puede provocar reacciones químicas, por demás peligrosas… (…)

Parecía que el alimento que estaba ingiriendo producía en ella un efecto afrodisiaco, pues empezó a sentir que un intenso calor le invadía las piernas.  Un cosquilleo en el centro de su cuerpo no la dejaba estar correctamente sentada en su silla. Empezó a sudar y a imaginar qué se sentiría al ir sentada al lomo de un caballo, abrazada de un villista, uno de esos que había visto una semana antes.

 

 

  1. Lleguemos de la parte de mantener la mente aceitada. ¿Cómo mantenerla engrasada, sin que se oxide?  Podemos optar por los juegos como rompecabezas, dominó o ajedrez.  Yo propongo algo extremo, tipo Jumanji:

-…cuatro, cinco, seis- contó.  “Picado por la mosca tse-tsé; contrae mael del sueño; pierde un turno.”

Judy escuchó un zumbido y vio a un pequeño insecto que aterrizaba en la nariz de Peter. Peter alzó la mano para ahuyentarlo pero no alcanzó a hacerlo: dio un enorme bostezo y cayó profundamente dormido sobre la mesa.

-¡Peter, Peter, despierta!- le gritaba Judy.  Pero en vano. Tomó rápidamente los dados, y cayó en un espacio vacío. Volvió a tirar y esperó ansiosamente. “Estampida de rinocerontes, retroceda dos espacios.”

Tan rápidamente como se había dormido, Peter despertó. Ambos escucharon una trepidación en el vestíbulo, que se hacía cada vez más fuerte. De pronto apareció un tropel de rinocerontes por el salón del comedor, aprastando todos los muebles a su paso. Peter y Judy se taparon los oídos para no oír los ruidos de la madera que se rajaba y de la porcelana que se rompía….

 

 

  1. No quiero cerrar sin acotar que considero también ampliamente benéfico compartir historias con sus compañeros de cuarentena.  Si tienen la oportunidad de contar, de narrar, de platicar solo por el hecho de escuchar al otro, invéntense un mundo nuevo. 

Me despido esperando que todos tengan en casa un Frederick (Leo Lionni) que se haya tomado el tiempo en el verano, de recopilar palabras para endulzar los fríos días de invierno. 

Rosa María Quesada

Columna

Pedagoga mexicana interesada en la literatura como forma de crecimiento.

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