Harry Potter

Harry Potter

26 mayo, 2020 5 Por cinque -

Cada quien en un puff y recargado en múltiples almohadas, un pastel  con forma de Golden Snitch que está tan rico que seguro tendré que correr más de lo normal para deshacerme de las calorías o, al menos, de la culpa. Y un clima de comfort que relajaría al más estresado. En una manta que cuelga encima de una puerta rosa se proyecta la película de Harry Potter, a manera de cinito que me recuerda los domingos en que veíamos algunas películas con mi papá.  Mi hija organizó todo para darnos una sorpresa.  En este cuarto hay más magia que en la pantalla. Definitivamente, Beca hoy le ganó a la fantasía.

Dos días antes:

“¡No puede ser!  ¿Cuántas veces te he pedido que no juegues así con Snow?”  Corro cuando escucho el grito de Nicolás. Me da coraje que no se cuide. También a Beca, aunque por diferentes razones. Ella por proteger a su perro. A mí, por proteger a mi hijo. Una mordida que prefiero curar con manos expertas, tanto para calmar el dolor físico, como el emocional.

Si alguien tuviera que diagnosticar nuestra armonía familiar en ese momento, seguro reprobaríamos. ¿Habrá sido demasiado estrés en la semana (la peor de trabajo hasta ahora)? ¿Nuestro perro ya está también un poco harto de tenernos en casa todo el tiempo?

Lunes:

Las cosas no empezaron tan frenéticas. Hasta me dio tiempo -eso sí, con sus respectivas pausas (clases, juntas y entregas de resultados) – de cocinar nuestras anheladas albóndigas de Ikea.  La receta me la pasó un amigo que sabe lo que significan.  Como seguro cada quien tiene un platillo especial, para nosotros, esas albóndigas saben a recuerdos y hasta a familia. ¡Nos quedaron deli!!

Martes:

Las juntas de los martes a las 7am parecen inacabables.  Ni siquiera 3 horas son suficientes. “¡No me va a dar tiempo de hacer ejercicio!  Todo por no pararme más temprano…”. Definitivamente no me da tiempo y ya mejor me doy por vencida. Creo que esta semana no habrá espacio para correr. Clases, juntas, alumnos que necesitan hablar, alumnos de admisión, alumnos a quienes tenemos que defender para que puedan seguir en el colegio, alumnos a quienes hay que ayudar para que pueden entrar al site con su usuario; checar por qué no me entregaron los resultados de todos; que por qué no aviso a las educadoras de cada movimiento que llevo a cabo con mis alumnos.  La lista también es interminable.

Irónicamente, tengo que dirigir una junta para ayudar a bajar el estrés de algunos maestros. Coincide la mayoría en la cantidad de trabajo y, sobre todo en el traslape de roles:  uno tiene que preparar calificaciones y entretanto, poner una lavadora, dar una clase y hacer de comer.  Además de ayudar a los hijos con el material para alguna tarea, luchar contra el internet, porque los alumnos dicen que se está trabando o de plano ya te sacó del zoom porque es mucha la carga que todos en casa estén teniendo las cámaras prendidas:  ni modo de dar una clase sin estar presente y los maestros estamos pidiendo que tengan las cámaras prendidas, porque no sabemos si están de verdad, o sólo aparentan estar presentes. 

Por la tarde de sábado:

Nicolás salta y me recuerda que hoy es el último día para mandar el mapa de sonidos y tener la posibilidad de que lo acepten en un curso del Museo Tamayo.  Mientras lo hace, Beca se da cuenta que él tiene la lista de museos que ofrecen recorridos virtuales.   No puedo estar yo más feliz de que ambos se emocionen al ver la lista:  “¡Eh!  El museo Van Gogh, el MOMA, el de Roal Dahl!!!”  Se emocionan por poder entrar a un museo.  Son varios en la lista que conocen de manera presencial.  Siento que no quepo en mí misma por el gusto cultural que ya tienen. 

Sí.  Definitivamente son semanas de mucho estrés.  La cantidad de días sin salir de casa se van llenando de presión.  El estar todo el tiempo con las mismas personas, también.  Y no es que no las quieras o no te la pases bien.  Simplemente que es ‘demasiada convivencia’.  Me gustó cómo lo definieron en el radio:  “cuando hay fricción, hay roce”.  ¿Cómo evitar que los hermanos se peleen si están en casa como hermanos, amigos, compañeros de banca y de recreo; aliados y enemigos?  Nunca es lo mismo ser amigo de alguien con quien te llevas muy bien, a irse de viaje juntos.

  

Me parece que es importantísimo hacer dos cosas en estos tiempos y después de 70 días de encierro:  1.  Establecer límites:  primero hay que saber cuáles son las conductas que de verdad te lastiman y platicar con la gente que vive contigo para que no las haga y saber en qué momento podrías estar tú pasando ese límite.

2.  Tener espacios para platicar de cómo se sienten:  siendo mamá o papá, también está ese rol de escuchar las necesidades de tus hijos:  qué extrañan, qué desean, qué temen.  Entre más adolescentes más difícil que lo digan.  Pero ahí está el arte, en saber cuándo y cómo preguntar.

3.  Tener un espacio para ti.  Así que, con permiso,  me voy a correr…

cinque

Columna

psicoterapeuta | corredora empedernida | apasionada por los vínculos, la buena música y la escritura | mamá de 2 | aprendiz de lo posible y de lo imposible

Comparte