LA GENTE NO HACE LO QUE QUIERE, SINO LO QUE PUEDE

17 abril, 2020 33 Por cinque -

[Sé que la semana pasada estuve muy positiva y hablé de grandes posibilidades para salir  de todo esto.  Pero, antes de parecer optimista, debo confesarme como realista.  Una realista que busca la razón de nuestro actuar, en lugar de intentar fantasear con que tendríamos que hacer puras cosas “buenas”, para no ser considerados “malos”.  Yo entiendo el enojo, la envidia, la frustración, la agresión y este tipo de emociones, no como algo “malo”, sino como una consecuencia.  Por supuesto, el objetivo es manejarlos de la mejor manera, pero todos sabemos que eso no siempre es posible.  Por eso, esta columna.]

      Vivimos en un mundo lleno de injusticias, en donde la sobreexigencia en uno mismo es más algo cotidiano que una excepción.  Mi trabajo con muchos pacientes en gran medida va encaminado a trabajar justamente dicha exigencia. Y la trabajamos de manera particular, pero me parece que también tiene una carga social enorme.

Últimamente he llegado a la conclusión de que tenemos unas ideas románticas de lo que debe ser el mundo, que en definitiva no hay cómo alcanzarlo.  Ejemplos tan básicos como el final feliz de una pareja, pensando que el amor es para siempre; la idea de que una sola persona debe ser suficiente para satisfacer todos los deseos, necesidades y demandas de quien la elige como pareja, como amiga o a quien le tocó como papá, mamá o hijo.  Así creo que también exigimos frecuentemente tener un corazón puro y que sólo palpite amor por los suyos; que las mujeres tengan un instinto maternal; y que a pesar de los pesares, puedas siempre  actuar con “humanidad”. 

Estoy segura que sí podemos intentar ser la mejor versión de nosotros mismos y ayudar y pensar en el otro.  Pero también se vale de repente frustrarse, enojarse y no soportar más al que está junto.  Después de más de 1 mes de aislamiento, escucho que algunos no se están hartando de estar encerrados, sino de la gente con la que están encerrados y, que además, éstos se sienten culpables de sentirse así.  Yo había pensado ésta como una oportunidad enorme de conocernos, de observar lo que hace el otro, de dar cabida un poquito más a enterarnos de lo que le gusta al hermano, a la mamá. Y esa oportunidad está, pero también cae en idea romántica el que todo sea para bien y que sólo se saquen cosas positivas de estos momentos, o incluso de salir de este momento con un proyecto realizado, con un libro escrito o con una fórmula nueva desarrollada. 

Creo que también puede haber demasiado acercamiento, sin oportunidad de respirar.  

Por eso, se me ocurre que además de dedicarnos en estos días a aprovechar el tiempo con la familia, también nos demos chance de respirar.  Para quienes tienen una casa con jardín, o quien se aventura a salir a caminar o a correr un rato por lugares poco transitados, puede ser mucho más fácil.  Estoy segura que la mayoría de nosotros necesitamos un espacio y un tiempo para nosotros.  Todos.  Tener un espacio que sea sólo de uno, es muy importante.  Y tomar distancia, al menos una hora al día, de no ser mamá, hermana, amigo del que está junto, sino enfocarse en uno mismo, resulta un momento para respirar y seguir adelante.

¿Cómo no empezar a pelear constantemente con tu mamá y a verle esos defectos que ya se te habían olvidado desde que vives de manera independiente?  ¿Cómo aguantar el chasquido de tu marido al terminar de comer, que como antes era sólo en la cena -por su demandante trabajo- se lo perdonabas?  Jugar con tus hijos, ayudarles a la tarea, ponerles actividades educativas y productivas puede ser muy buena idea y quizás lo puedas llevar al pie de la letra los primeros días… pero poco a poco te va cansando.  Aguantar que tu esposa no sea siempre linda y disponible, sino que saque su lado agresivo, a pesar de que tú tienes que hacer todo lo que normalmente haces en la oficina, aguantando niños brincando y un ambiente muy lejos de lo laboral, no parece humano.  

Esto resulta cierto no sólo en lo superficial.  Cuando hay hacinamientos, se sabe que las cosas se pueden poner más rudas.  Las familias pueden estar mas susceptibles a la agresión y, así, incluso la incidencia de violencia intrafamiliar es más alta en estas circunstancias.

Lo que yo digo es, si necesitamos un tiempo lejos, tomémosnoslo. ¿No es más fácil aceptar que necesitamos un rato lejos del otro para que cuando hayamos tomado un respiro y escuchemos un rato únicamente la voz de nuestra mente, podamos estar contentos de volver a escuchar la voz de los demás?

Hay que darse un tiempo para uno, sin culpa.  Hay que estar bien para poder estar bien con el otro, para poder escucharlo, para poder echarle una mano en ese proyecto que se inventó.  

Porque, como bien dicen las sobrecargos al dar las indicaciones de precaución en un avión:  primero te pones la mascarilla tú y después a tu dependiente.  Si tú te desmayas, ya no le servirás a él para nada.

cinque

Columna

psicoterapeuta | corredora empedernida | apasionada por los vínculos, la buena música y la escritura | mamá de 2 | aprendiz de lo posible y de lo imposible

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