Adios a la Escuela 2

Adios a la Escuela 2

24 agosto, 2020 2672 Por Rosa María Quesada

Hablemos ahora de la sección más grande del problema:  la educación pública.

Hasta hace poco era un tema que solo podía comentar de oídas, porque en realidad mi vida social y laboral se realizaba casi exclusivamente dentro del ámbito de la escuela privada. Mucha gente me ha consultado o comentado sus incertidumbres con respecto a la escuela en este inimaginable año 2020 desde la duda de si pagar o no, y yo he podido opinar porque conozco de primera mano la situación de escuelas, profesores y familias involucradas.

Pero ahora me toca pronunciarme acerca de la educación que proporcionará el gobierno a todos aquellos que se benefician de la educación gratuita. Y me toca porque no sé por qué broma del destino, ¡yo soy parte de ella!  Fueron las parcas, definitivamente. El 18 de marzo fui contratada por la Secretaría de Educación para crear los programas de la Nueva Escuela Mexicana.  No me linchen. Trabajar en la SEP fue lo que me motivó en sexto de prepa a escoger carrera y ha sido mi ilusión toda la vida. Así que cuando me citaron a mi primera junta en el edificio que está en la calle de Brasil en el Centro, decorado con los murales de Rivera solicitados por Vasconcelos, yo me sentía flotar. Eso de que fuera en el marco de la Cuatro T era nada más un pixel desconfigurado, pero había logrado mi objetivo.  Esa junta fue como el 15 de marzo, luego entré a trabajar formalmente el 18, y el 20 nos mandaron a la casa, ¡jajajaja!  La Nueva Escuela Mexicana y sus programas se metieron al cajón en espera de mejores tiempos, y empezó la emergencia, el caos, la vorágine, el desmadre, pues.

Créanme que soy la primera en estar consciente de que Aprende en Casa- método creado en un fin de semana para enfrentar una emergencia nacional inédita que podría dilapidar todo el trabajo de un año del inmenso sistema educativo del país- no fue la mejor respuesta.  Pero vean, ¡fue hecho en un fin de semana con la imposibilidad de reunión, y con millones de ojos y oídos esperando una dirección de un líder experto que no existía!  Yo no creo haber podido resolver el asunto mejor que el Secretario.  Además de que yo creo que a medio camino me hubiera dado un infarto del puro susto.

Durante las siguientes 8 semanas todo el equipo aprendimos, al igual que todos ustedes ¿qué no? a usar esta nueva maravilla tecnológica que es el zoom y sus homólogos, a realizar minería de datos, y me autonombré orgullosamente curadora de videos de youtube.  Créanme que fue difícil, que no fue hecho al aventón, con prisa sí, pero no sin cuidado. Y lo digo por mí y mis compañeros.  Lo sé, lo sé, que la calidad no era lo máximo, que no se le pidió opinión a los maestros, que no fueron convocados. Pero recuerden todos esos días ¡la ciudad estaba paralizada!  ¿Hacer una encuesta tipo AMLO? Imposible hasta para él mismo. En cuanto a la evaluación del año y quién iba a pasar o no, pues tampoco podían decir “todos pasan como si nada, sin importar lo que hayan hecho o dejado de hacer”, porque nos conocemos, queridos mexicanos, y nadie hubiera hecho nada.  Claro que las licencias al respecto tendrían que haber sido muchos más abiertas, tomando en cuenta el rezago tecnológico en el que estamos metidos, además de la situación de hacinamiento, aislamiento, desempleo y enfermedad que estábamos viviendo (lo escucho y no creo lo decadente del momento).

Entonces, criticar, mis queridos amigos contestatarios, creo que era de lo menos prudente en ese momento. 

Ahora bien, ¿qué pensar del regreso a clases?  La situación es distinta.  Ya hay más posibilidad de reunión, de grabar materiales, de interacción en la mayoría de las comunidades.  Hay unas en las que no hay internet, no hay tele, no hay ni luz, vamos.  Y eso ya lo sabemos. Pero creo que en esos lugares a lo mejor ni se han enterado cómo nos hemos vuelto loquitos los de las megalópolis por no poder ir al gimnasio o al restaurante o a las pachangas de fin de semana. 

Es decir, reconozco que el rezago educativo será grande ahora que no tengan manera de seguir las clases, pero tampoco es que el problema haya empezado este agosto.

He leído muchísimas críticas sobre la forma en la que se iniciarán clases, por televisión, sin interacción social ni con otros alumnos ni con los profesores, pero no veo cómo podría ser de otra manera.  Yo por lo menos creo que el coronavirus es el enemigo número uno a vencer, y luego ya podemos hablar de niveles académicos. O sea, el regreso presencial está fuera de discusión.  Y en lo único que  me uno al sospechosismo es en la prisa por regresar a clases.  ¿Por qué no  pausarlo unos meses como se hizo hace unos 20 años en la cdmx por cuestiones de contaminación? ¿Habrá cuestiones políticas y electoreras detrás?  Miren, ahí sí ya no me meto porque no sé y no me gusta.  Ahí sí pueden despotricar lo que quieran sobre las decisiones exclusivamente políticas.

Pero sobre las decisiones didácticas, invito a todos los que están viendo los 357 arroces en el arroz (que existen, sí) a que propongan una mejor manera de hacer las cosas.  ¿Contactar a los maestros personalmente?¿Permitir que cada escuela -pública- se las arregle como quiera? ¿No contratar a las televisoras porque se van a llevar su $?  Miren, eso del bisnes sucederá sea cual sea la solución.  En este país la corrupción no se terminará ni con el detente de Andrés Manuel.  Entonces, seamos realistas, no puristas, y utilicemos los medios que se ponen a nuestro alcance. 

Los políticos decidieron que las clases no pueden parar.  Ni maestros ni alumnos de escuelas públicas cuentan con internet, los papás ya no saben qué hacer con sus niños en casa, los programas de “nuestro benefactor presidente” no van ni en fase de feto,  ¿qué carambas se puede hacer?

Como les digo, las Parcas ahorita mismo han de estar carcajeándose de la manera en la que están moviendo los hilos de mi destino, pues sin deberla ni temerla  estoy del lado de los que hacen estas chafadas de programas que a nadie convencen y que ciertamente poco podrán ayudar a los que más lo necesitan.   ¿Qué puedo hacer, renunciar, negarme a hacerlos? ¿Qué les puedo decir?

Que nosotros los peones, los que trabajamos en la trinchera, la carne de cañón de esa enorme institución gubernamental que se ubica en el edificio más distópico del planeta, estamos intentando.  Queremos salvar los salvable, rescatar lo rescatable, apoyar a los maestros, a los directores (que por el momento no tienen ni idea de cómo o a dónde dirigir), a los papás (también mártires como los priviliegiados de las escuelas privadas), y a los pobres niños que les ha tocado vivir esta situación tan “dislocadora”, deprimente (sí) y difícil a tan corta edad y con tan pocos elementos para comprenderla.

No quise leer ninguna crítica sobre Aprende en casa, porque yo estaba consciente de todas sus carencias, pero ahora me han bombardeado con las críticas de Aprende en casa-regreso a clases. Las he tenido que leer y escuchar.  Retomaré las pocas sugerencias constructivas que he encontrado, y lo demás,  lo dejaré pasar.  Invito a esas personas instruidas en temas educativos a que juzguen desde el contexto y a que siquiera esperen a que el producto exista para empezarlo a criticar.  Una persona me preguntó directamente “¿Qué cambios le harías al programa que propone la SEP?”  Oye, espérame tantito, le contesté.  Para que exista un cambio tendría que existir una primera versión, ¿no crees?  Lo cual, en este caso no aplica.  Lo digo porque yo estoy ahí, apenas pensando cómo será la mejor forma de entrarle al toro por los cuernos. 

Ya sé, ya sé y me entristece terriblemente que la brecha entre “los de escuela pública y privada” se va hacer casi infranqueable.  Si alguien tiene una respuesta para ayudarnos a todos, pues que hable.  Preocupante, de veras, pues el 85% de los niños en nuestro país estudian en el sistema público.  (Claro, hay  que de escuelas públicas a escuelas públicas y que no todo ese 85% esté perdido, pero con el 40% es suficiente para llevar a México al precipicio ,¿o no?). 

Ya sé que el éxito no se alcanza con las puras buenas intenciones, hay que trabajar y hay que saber cómo hacerlo. Bueno, les prometo que el trabajo y las buenas intenciones no nos faltan en la SEP. (jajajajaja)

 Ahí les encargo sus plegarias para que el Espíritu Santo nos ilumine como en aquel día de Pentecostés. 

Rosa María Quesada

Columna

Pedagoga mexicana interesada en la literatura como forma de crecimiento.

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